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Rompiendo La Línea De Tiza  

agustin_s
3/18/2009 1:49 pm

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3/18/2009 1:50 pm

Habiendo purificado vuestras almas por la obediencia a la verdad, mediante el Espíritu, para el amor fraternal no fingido, amaos unos a otros entrañablemente, de corazónpuro" 1 Pedro 1.22

Había dos hermanas solteras que, a causa de una seria
pelea, dejaron de hablarse una con la otra. Decididas a no
dejar la pequeña casa donde moraban, continuaron viviendo
bajo el mismo techo y dormir en el mismo cuarto. Una línea
de tiza dividía el cuarto donde dormían en dos mitades. La línea
despegaba de tal manera que las dos pudieron
salir y entrar y tener sus comidas sin contravenir el
espacio de la otra. En la obscuridad de la noche, cada una
podía oír la respiración y el ronquido de la enemiga. Por
muchos años las dos coexistieron en completo silencio.
Ninguna de las dos estaba dispuesta a tomar el primer paso
para la reconciliación. En una determinada noche, una de las
hermanas se levantó para ir al baño sufriendo una caída, quebrando
la cadera. La otra, despertada por el barullo y por el grito
de dolor, se levantó apresuradamente de su cama y, sobrepasando
la division hecha por la tiza, corrió en dirección a la
hermana. Allí, en el suelo, agarrando a la enemiga sosteniéndola,
aguardó la llegada de los médicos y fue
con ella hasta el hospital. En aquellos momentos de angustia
y aflicción, la verdad y el poder del amor prevalecieron.

Cuántos de nosotros tenemos experiencias semejantes.
Parientes, grandes amigos, colegas de trabajo o estudio,
personas que nos eran muy queridas y que, por un momento
infeliz, se transformaron en enemigos. Una relación que se
acabó, un contacto que se deterioró, alguien que amábamos y
hoy hasta odiamos.

Pero no es eso lo que Dios anhela que suceda. Y, por cierto,
no es eso tampoco lo que nosotros anhelamos. ¿Pero qué hacer?
El orgullo no permite que tomemos la iniciativa de acabar
con aquel resentimiento. Creemos que la otra persona debe
venir a pedir perdón y, asimismo, la otra espera que nosotros
lo hagamos. Y, mientras esta indecisión espiritual
persistir, nosotros sufriremos, la persona en cuestión
sufrirá, Dios estará triste y el demonio cantará y
bailará de alegría.

¡Rompamos la línea de tiza! No permitamos que el nombre de
Jesús sea avergonzado. Practiquemos el amor del Señor y
glorifiquemos su nombre. La dicha nos revestirá y habrá
grande fiesta en el Cielo.

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